A no confundirse, a pesar del título los Pearl Jam no retroceden, sólo están tomando impulso. Backspacer es su disco más directo. Aún más directo que Ten (1991), sin que eso signifique mejor ni más auténtico. Pero, además, es su primer lanzamiento independiente y supone la vuelta de Brendran O´Brien como productor, función que no ocupaba desde Yield (1998).
La tendencia iniciada con el epónimo Pearl Jam (2006) en el que retomaron su vena más roquera, se reafirma y toma consistencia en este verdadero Tour de force exudante de energía y espontaneidad. Si el legado de The Who siempre fue una referencia, aquí es más evidente que nunca pero ya no desde la obviedad del riff crispante sino a partir de su resignificación saludable como influencia genuina. Hay un prólogo sin respiros con guitarras que sacan chispas y vértigo vocal hasta que justamente llega “Just Breathe” una probable secuela de Into the Wild, la excursión solista de Vedder para el film de Sean Penn, puro rescate emotivo en forma de canción de fogón. “Amongst The Waves” sirve de puente para una segunda mitad algo menos efusiva aunque tan fértil y elocuente como la primera, donde destaca “Unthought Known” como clásico inmediato, pero cada canción es un punto alto.
JORGE CAÑADA

Este incombustible trío californiano ha sabido encontrar melodías válidas para este buen álbum. Abundan momentos de gran placer melódico como en las épicas “21 Guns” y “21st century...” o las calmadas “Last Night on Earth” o “Viva la Gloria”, que llaman la atención desde la primera escucha. Aquí, lo que les juega en contra son los laberintos en los que cae esta historia - en algunas canciones no está bien definido el protagonismo de los personajes-, abundan las buenas ideas pero no las conexiones, hay mucho hilo y por momentos el costurero pierde la aguja. Está bien que los Green Day ya sean una banda respetada, pero, cuidado con tomárselo demasiado en serio.

El experimento intenta arrimar el sonido de TEN al del resto de la discografía del grupo, del cual O´Brien ha sido gran responsable. Una tarea tan válida como innecesaria. Menos reverb tanto en el tratamiento de la voz de Vedder como en las guitarras de Gossard y McCready y mayor volumen en el bajo de Ament crean una sensación similar a la de estar escuchando una regrabación del disco en manos de los Pearl Jam circa 2009. Sólo faltó sentar a Cameron frente a los parches para suplir las sesiones de Krusen.

El título, justo homenaje al estudio que los vio crecer como banda, no pudo haber sido más oportuno, Abbey Road exhibe mejor que ninguno de sus discos la enorme potencialidad que la banda (y George Martin!!) podía desarrollar en el estudio de grabación. La emblemática portada los muestra juntos y sin montajes por primera vez desde Rubber Soul, aunque dándose la espalda y en una suerte de marcha que deja atrás y para siempre una historia única e irrepetible. La última línea de “The End” lo dice todo: 

